Etapa 27 Camino Francés: de Sarria a Portomarín

Etapa

27

Etapa de Sarria a Portomarín

Dentro de

Duración

05H 00'

Kilómetros

22.4

Dificultad

MEDIA

Albergues

14

Información sobre la etapa

Mapa del Camino de Santiago desde Sarria

Tabla de contenido

La etapa 27 del Camino Francés es la etapa de los 100 km oficiales, los robledales interminables y el río Miño. El peregrino sale de Sarria —el punto de partida más popular del mundo para obtener la Compostela— y avanza por uno de los tramos más auténticos y menos transitados del Camino Francés gallego: una sucesión de aldeas de granito, iglesias románicas, caminos de tierra bajo robledales y prados cercados con sebes de piedra que en días de lluvia tienen la belleza melancólica de un poema celta. La jornada culmina cuando el río Miño, embalsado por el Embalse de Belesar, aparece de repente al final de un descenso pronunciado y el peregrino cruza el gran Puente de Portomarín para entrar en una de las villas más singulares del Camino: la que fue desmontada piedra a piedra y reconstruida en otro lugar para no quedar sumergida bajo las aguas del embalse.

Ficha Técnica

DatoDetalle
Distancia22,6 km
Desnivel positivo+±412 m
Desnivel negativo+±467 m
Altitud mínima~332 m (Portomarín)
Altitud máxima~664 m (entre Rente y Ferreiros)
Tiempo estimado5,5–7 horas
Dificultad⭐⭐☆☆☆ Baja–Media
Servicios en ruta~14 (albergues y bares en As Paredes, Vilei, Barbadelo, Rente, Mercado da Serra, Moutrás, Ferreiros, Mirallos, Mercadoiro/Moimentos, Moutrás y Portomarín)

¿Por qué dificultad baja-media? El perfil de la etapa 27 es el del Camino gallego más característico: ondulaciones suaves de falso llano durante la primera mitad y un descenso pronunciado final hacia el Miño. No hay ningún puerto de montaña ni ningún ascenso sostenido comparable a las etapas de la sierra gallega: el desnivel positivo de 412 metros se distribuye en pequeños repechos de 40-80 metros que el peregrino apenas percibe individualmente pero que acumulan fatiga a lo largo de la jornada. El tramo más técnicamente exigente es el descenso a Portomarín desde Moutrás: un firme de tierra, piedra y grandes socavones en pendiente pronunciada que con lluvia se convierte en un tobogán de barro. Esta es una etapa de belleza tranquila y dificultad moderada, perfecta para el peregrino veterano que la hace en la mitad de su camino y agotadora para el peregrino nuevo que sale de Sarria por primera vez con la mochila llena.

Itinerario Paso a Paso

Km 0 — Sarria (420 m)
La etapa sale de Sarria por la Rúa Maior en sentido descendente, pasa junto al Convento de la Magdalena y cruza el río Celeiro por el Puente de A Áspera —puente medieval de arco único que separa el casco histórico del camino rural— para salir definitivamente de la ciudad. Las primeras flechas amarillas en las piedras del suelo y los primeros postes del mojón del Camino Francés señalizan la dirección hacia Barbadelo. El camino avanza inmediatamente entre huertas de col y patata gallega, algún prado con vacas rubias y las primeras casas de granito de la vega de Sarria, dejando atrás el ruido de la ciudad en pocos minutos.

Km 2,9 — As Paredes (530 m)
El camino remonta suavemente entre fincas cercadas de piedra hasta As Paredes. La pequeña aldea —un conjunto de media docena de casas de granito con sus hórreos sobre pegollos y sus cruceiros en la entrada— es el primero de los cientos de núcleos rurales gallegos que el peregrino cruzará en los próximos días. Área de descanso con banco de madera y fuente pública.

Km 3,6 — Vilei (555 m)
El camino avanza por pista asfaltada vecinal entre robledales y prados hasta Vilei. El pueblo tiene albergue privado (Casa das Airas) y bar. Desde Vilei, una suave subida de 600 metros entre castaños y robles lleva hasta la parroquia de Barbadelo.

Km 4,2 — Barbadelo (575 m) — Primera Iglesia Románica del Tramo Final
El camino llega a la aldea de O Mosteiro, en la parroquia de Barbadelo, donde se encuentra el Albergue de Peregrinos de Barbadelo de la Xunta de Galicia a mano derecha. A pocos metros del camino, señalizada con una flecha, está la joya patrimonial más importante de la primera parte de la etapa: la Iglesia Románica de Santiago de Barbadelo, mencionada expresamente en el Códice Calixtino del siglo XII como hito jacobeo de la ruta. La iglesia —de nave única con ábside semicircular, portada de arco de medio punto con archivoltas de decoración geométrica y una espadaña de granito añadida en el siglo XVII— conserva sus capiteles románicos del siglo XII con una iconografía que mezcla motivos vegetales, animales fantásticos y figuras humanas de gran expresividad. Es la primera de las muchas iglesias románicas rurales gallegas que el Camino Francés pondrá en el camino del peregrino en los próximos días.

Km 5,3–7,5 — Rente, Mercado da Serra y Mouzós
El camino sale de Barbadelo por una pista de tierra que asciende entre robledales hasta Rente (km 5,3) y continúa hasta Mercado da Serra (km 6), situada en el cruce de la carretera local LU-5709. El pueblo tiene una taberna —el bar más conocido de la primera mitad de la etapa— y un cruceiro barroco del siglo XVIII en la bifurcación. Desde Mercado da Serra, el camino continúa por sendas de tierra entre prados y robledales hasta Mouzós (km 7,5), pequeña aldea con fuente pública.

Km 9,7 — Ferreiros (620 m) — El Mojón de los 100 km
El camino llega a Ferreiros, parroquia del municipio de Paradela y uno de los hitos más buscados y fotografiados de todo el Camino Francés. A la entrada de Ferreiros, junto a la Iglesia de Santa María de Ferreiros —templo románico del siglo XII con portada de arco de medio punto sobre columnas con capiteles de acanto— se encuentra el mojón kilométrico con la inscripción “Santiago de Compostela 100 km”.

Este mojón —una piedra de granito pulido con la flecha amarilla grabada y la distancia en relieve— es el objeto más fotografiado del Camino Francés gallego: cada peregrino, sin excepción, se detiene ante él para la foto con la piedra, la expresión de la cara entre la alegría y la incredulidad y el bordón apoyado en el hombro. Para el peregrino que lleva más de 700 km desde Saint-Jean-Pied-de-Port, el mojón de los 100 km es una estación emocional de primer orden: el momento en que los kilómetros que faltan por primera vez se sienten como algo concreto y cercano. Para el peregrino que empezó en Sarria el mismo día, es la primera referencia de verdad de su propio camino. Ferreiros tiene albergue de la Xunta, bar y fuente.

Km 10,8 — Mirallos (595 m)
El camino desciende desde Ferreiros por la pista asfaltada hasta Mirallos. A la salida del pueblo está la Iglesia Románica de Santa María de Mirallos —otro templo del siglo XII con ábside bien conservado y una imagen de la Virgen con el Niño del siglo XIII en el interior— que el peregrino puede visitar si está abierta.

Km 12–15 — A Pena, Couto y Mercadoiro
El camino toma una senda de tierra a la izquierda de la pista asfaltada que discurre entre fincas ganaderas y bosques mixtos de roble y eucalipto, pasando por las pequeñas aldeas de A Pena (km 12) y Couto (km 13,5). A la salida de Couto, el camino llega a Mercadoiro —o la aldea de Moimentos donde se ubica el popular Albergue Mercadoiro—, en el kilómetro 95,3 del Camino desde Santiago. El albergue tiene restaurante y es un punto de parada muy popular para los peregrinos que quieren una comida caliente antes del descenso final: el menú del peregrino a 12 € y el caldo gallego de la casa son de los más valorados del tramo Sarria-Portomarín.

Km 16,5 — Moutrás y la Primera Vista del Miño
El camino avanza por sendas entre argoma y prados hasta Moutrás (km 17,3). Desde la salida de Moutrás, tomando una pista asfaltada que desciende hacia el valle, el peregrino tiene su primera visión del Embalse de Belesar: el río Miño embalsado y tranquilo, de un azul verdoso entre las laderas verdes de los montes lucenses, con el puente de Portomarín visible en la lejanía y la silueta blanca de los edificios de la villa nueva en lo alto de la orilla derecha. Es uno de los momentos más inesperados y más hermosos de toda la etapa: después de kilómetros de senda entre aldeas y robledales sin más horizonte que los árboles del próximo recodo, el peregrino sale a la ladera y el Miño aparece de repente como un lago en el fondo del valle.

Km 17,3–22,6 — El Descenso a Portomarín
Desde Moutrás comienza el descenso más pronunciado de la etapa. El camino toma un sendero pedregoso con grandes socavones y barro en descenso continuo entre zarzas y argoma, atravesando A Parrocha (pequeña explotación ganadera, km 18,5) y siguiendo las flechas hasta la orilla del embalse. El firme es irregular y con piedras sueltas de gran tamaño: con lluvia se convierte en uno de los tramos más resbaladizos de la etapa.

En el punto más bajo del descenso, el camino llega al arco del antiguo puente romano-medieval de Portomarín —reconstruido como elemento decorativo de la entrada— y sube la escalinata de granito que conduce al puente moderno sobre el embalse. El Puente de Portomarín —de más de 350 metros de longitud sobre el Embalse de Belesar— ofrece desde su tablero una vista de 360 grados sobre el embalse, las laderas verdes de los montes lucenses y la silueta de la villa nueva de Portomarín en lo alto del monte del Cristo, con la Iglesia de San Nicolás dominando el skyline desde su posición central.

Km 22,6 — Portomarín (332 m)
El puente lleva directamente al pie de la escalinata principal de acceso a la villa nueva de Portomarín. El peregrino sube los escalones —con el mojón kilométrico del Camino Francés al pie— y entra en la Plaza del Conde de Fenosa, donde la Iglesia de San Nicolás preside el conjunto con su aspecto de fortaleza románica. Los albergues, bares y restaurantes de la Rúa do Miño y la Rúa General Franco reciben al peregrino con el pulpo, el Ribeiro y el caldo que la etapa ha merecido. Fin de etapa. Mojón sellado. Portomarín es tuya.

Análisis de Dificultades

La etapa 27 tiene una dificultad moderada y bien distribuida, con un tramo final que requiere atención específica.

Los tramos más “rompepiernas”:

  • El descenso Moutrás–Portomarín (km 17,3–22,6): el tramo más técnico de la etapa: Cinco kilómetros de descenso pronunciado sobre un firme de tierra, piedra suelta y grandes socavones que con lluvia se convierte en uno de los tramos más embarrados del Camino Francés gallego. La pendiente media es del 8-12% con tramos más agresivos en los primeros kilómetros del descenso. Las piedras sueltas en el sendero exigen concentración en cada pisada: los bastones son especialmente útiles para estabilizar el descenso. Con lluvia o niebla, la precaución debe ser máxima.
  • La acumulación de pequeños repechos (km 0–17): Los 17 km de la primera parte de la etapa tienen un perfil en dientes de sierra muy característico del Camino gallego interior: subidas de 50-100 metros seguidas de bajadas equivalentes, sin ningún tramo largo absolutamente llano. El peregrino veterano las maneja sin dificultad, pero el peregrino que sale de Sarria el primer día con mochila completa acumula fatiga en estos toboganes más rápido de lo que espera.
  • El asfalto de los caminos vecinales: Una parte significativa de la primera mitad de la etapa —entre Barbadelo y Mercadoiro— discurre sobre pistas vecinales asfaltadas de hormigón o asfalto desgastado. El impacto sobre las articulaciones es mayor que en los senderos de tierra. Zapatillas con buena amortiguación: más importantes aquí que en cualquier etapa de tierra pura.
  • La escalinata de entrada a Portomarín: Después de más de 22 km de etapa, los escalones de granito de la escalinata de acceso al puente y luego al centro del pueblo llegan como una trampa: las rodillas —ya cargadas del descenso— protestan ante la subida de peldaños. El secreto: bajad el ritmo completamente en la escalinata y subid con el peso del cuerpo bien centrado sobre el pie de apoyo antes de avanzar al siguiente escalón.

Consejos de Logística

Agua y comida en ruta:
Esta es una de las etapas con más servicios por kilómetro del Camino Francés, gracias al alto tráfico de peregrinos desde Sarria:

  • Sarria (km 0): Todos los servicios. Desayuna antes de salir.
  • Vilei (km 3,6): Albergue y bar.
  • Barbadelo–O Mosteiro (km 4,2): Albergue de la Xunta.
  • Mercado da Serra (km 6): Taberna. Primera pausa del día.
  • Ferreiros (km 9,7): Albergue de la Xunta y bar. Parada del mojón de los 100 km.
  • Mercadoiro/Moimentos (km ~15): Albergue con restaurante y menú del peregrino. Gran parada de almuerzo antes del descenso final.
  • Portomarín (km 22,6): Albergues, bares, restaurantes, tiendas, farmacias y cajeros.

¿Es apta para bicicletas?
Sí, con una limitación en el descenso final:

  • Las pistas asfaltadas vecinales entre Sarria y Mercadoiro son perfectamente ciclables en cualquier tipo de bicicleta: firme regular, desnivel moderado y sin tramos técnicos.
  • El descenso Moutrás–Portomarín sobre el sendero pedregoso con socavones es técnicamente complicado para bicicletas. La alternativa recomendada para ciclistas es tomar la carretera LU-P-5701 desde Moutrás hasta la entrada al puente de Portomarín.
  • La escalinata de acceso al puente no es ciclable: hay que bajar de la bici y transportarla a mano, o bien acceder al puente por la rampa de hormigón disponible a la derecha de la escalinata.

Patrimonio y Cultura

La Iglesia Románica de Santiago de Barbadelo

La Iglesia de Santiago de Barbadelo es uno de los templos románicos rurales más auténticos y mejor conservados del tramo gallego del Camino Francés. Citada por primera vez en el Códice Calixtino del siglo XII como hito de la ruta jacobea, la iglesia fue construida entre los siglos XI y XII por la comunidad monástica que dio nombre a la parroquia —“Barbadelo”, derivado del patronímico latino “Barbatellus”— y pertenece al tipo del románico rural gallego más austero y más genuino: nave rectangular de mampostería de granito sin decoración exterior, ábside semicircular con ventana saeteral, portada de arco de medio punto con archivoltas de decoración geométrica y capiteles de motivos vegetales y animales fantásticos. El cementerio parroquial que rodea la iglesia —con sus cruces de granito y sus lápidas cubiertas de musgo— añade al conjunto una atmósfera de melancolía tranquila que es muy característica de las iglesias rurales gallegas. Una visita imprescindible, aunque exija un breve desvío del camino oficial.

Portomarín: La Villa que Renació del Miño

Portomarín es la localidad con la historia más singular y más cinematográfica de todo el Camino Francés gallego. La villa medieval de Portomarín —documentada desde el siglo IX como “Pons Minei”, el puente sobre el Miño de la ruta jacobea— existió durante más de mil años en la orilla baja del río, con sus calles empedradas, sus casas de granito, su hospital de peregrinos medieval y su iglesia románica de San Nicolás como centros de la vida jacobea. En 1955, el Estado español inició la construcción del Embalse de Belesar sobre el río Miño como parte del plan de electrificación nacional.

La presa inundaría completamente el núcleo histórico de Portomarín. Lo que ocurrió a continuación fue uno de los ejercicios de arqueología industrial y patrimonio vivo más espectaculares de la historia española: la villa entera fue desmontada y reconstruida piedra a piedra en el Monte do Cristo, en la orilla derecha del río, 40 metros más arriba del nivel del embalse. Los edificios más valiosos —la Iglesia de San Nicolás, la Casa del Conde, el arco del puente romano-medieval— fueron numerados sillería por sillería, transportados en camiones y recolocados exactamente como estaban en su emplazamiento original. El resto de la villa fue construida de nuevo con arquitectura contemporánea. Hoy, cuando el embalse está bajo en años de sequía, los tejados y los muros de la vieja Portomarín asoman bajo el agua como un pueblo fantasma que recuerda que hay otra ciudad enterrada.

Sus monumentos principales:

  • Iglesia de San Nicolás (siglo XII) — La Fortaleza del Miño: El monumento más famoso de Portomarín y uno de los edificios más originales e impactantes de todo el Camino Francés gallego. Construida en el siglo XII por los Caballeros de la Orden de San Juan de Jerusalén —la misma orden hospitalaria que gestionaba el puente del Miño y el hospital de peregrinos— la iglesia de San Nicolás es un edificio de doble función que lo explica todo desde el exterior: iglesia románica y fortaleza militar al mismo tiempo. Sus muros de granito de más de un metro de grosor, sus almenas en el remate de la fachada, sus contrafuertes cilíndricos en las esquinas y su aspecto de castillo de película son la consecuencia directa de la función defensiva que la Orden de San Juan necesitaba en un punto estratégico del Camino. La fachada principal tiene una portada románica de gran calidad escultórica —con archivoltas decoradas con motivos de rollos, palmetas y figuras de santos— y un rosetón pétreo de intrincado diseño geométrico que ilumina el interior con una luz filtrada de gran belleza. La portada lateral norte —con dos tímpanos esculpidos con escenas de la Anunciación y el Descendimiento— es atribuida al taller del Maestro Mateo, el escultor del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela.
  • El arco del antiguo puente romano-medieval: El arco de granito reconstruido a pie del embalse como acceso a la escalinata de subida a la villa es el único vestigio visible del puente medieval de Portomarín, que tenía varios arcos de medio punto sobre el Miño y que fue documentado en el Códice Calixtino como uno de los principales de la ruta jacobea. Una placa explicativa en el arco narra la historia del traslado.
  • El embalse de Belesar en sequía: En los años de sequía excepcional —que en la Galicia atlántica son cada vez más frecuentes con el cambio climático—, el nivel del embalse de Belesar desciende lo suficiente para que los muros y tejados de la vieja Portomarín asomen bajo el agua. Los peregrinos que pasan en estos momentos pueden ver desde el puente los restos de calles, fachadas y muros sumergidos que emergen como un pueblo fantasma del Miño: una imagen de una melancolía tan poderosa que algunos peregrinos la describen como el momento más emocionante de toda su etapa gallega.

Recomendación Gastronómica

Portomarín y la Ribeira Sacra —la comarca del Sil y el Miño en sus cañones más espectaculares— tienen una gastronomía de raíz fluvial y vinícola que el peregrino encuentra aquí por primera vez en toda su riqueza:

  • Pulpo á feira con Mencía de la Ribeira Sacra: En Portomarín, el pulpo á feira —cocido en calderas de cobre, cortado en rodajas sobre tabla de madera, regado con aceite de oliva y pimentón— se maridar habitualmente con vino tinto de la DO Ribeira Sacra —elaborado con Mencía en las laderas en terrazas del cañón del Sil, a pocos kilómetros de Portomarín— con una elegancia y una frescura que complementan perfectamente el sabor yodado y ahumado del pulpo. Pide un Mencía de Ribeira Sacra y descubrirás por qué esta denominación se ha convertido en uno de los vinos más buscados de España.
  • Trucha del Miño a la plancha con grelos: La trucha del Miño —que en el embalse de Belesar alcanza tamaños considerables— es la especialidad fluvial de los restaurantes de Portomarín. Cocinada a la plancha con aceite de oliva, ajo laminado y grelos salteados como guarnición, es el plato más local y más honesto de la carta.
  • Caldo gallego con lacón y unto: La versión más contundente del caldo gallego —con un hueso de lacón ahumado y un trozo de unto (grasa de cerdo curada) que aportan al caldo una profundidad y una salinidad casi umami— es el primer plato del menú del peregrino en todos los restaurantes de Portomarín. Los mejores callos gallegos del pueblo se hacen en el restaurante del Albergue Municipal.
  • Lamprea del Miño (en temporada, febrero–mayo): La lamprea —el primitivo vertebrado sin mandíbula que asciende el Miño desde el Atlántico para desovar— es el manjar fluvial más exclusivo y más polémico de la cocina gallega. Se guisa estofada en su propia sangre con cebolla, ajo, laurel y vino tinto de Ribeira Sacra, creando un plato de sabor intensísimo, untuoso y con una textura gelatinosa sin equivalente en ninguna otra gastronomía. Solo disponible entre febrero y mayo, pero si el peregrino tiene la suerte de pasar por Portomarín en temporada, es una experiencia gastronómica irrepetible.

¿El Tramo Final del Camino con Alma de Peregrino?

La etapa 27 ha marcado el mojón de los 100 km, ha cruzado el Miño y ha llegado a la villa más singular del Camino gallego. A partir de Portomarín, quedan exactamente cuatro etapas hasta la Plaza del ObradoiroPalas de ReiMelideArzúa y Santiago de Compostela. Si quieres recorrer estos últimos kilómetros con la mochila transferida cada día, el alojamiento reservado y la mente completamente libre para disfrutar el final del Camino, Alma de Peregrino tiene el servicio perfecto para ti.

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Portomarín ya duerme bajo el Miño y sobre el Miño. Mañana, Palas de Rei y los primeros eucaliptos gallegos. Santiago está a 78 km. ¡Ultreia! 🐚

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